Puy es una excelente intercesora.
Acudo a ella de vez en cuando para encomendarle asuntos, normalmente perentorios, que tengo que solucionar en el momento.
Me parece que es justo que los recoja aquí; es una forma práctica de agradecimiento y de dejar escrito aquello que mi mala memoria no podría conservar con la lozanía del momento en que ocurre.
De hecho, antes que este que cuento ahora ha habido muchos que se han ido de mi memoria, pero que han dejado un poso de agradecimiento en mi corazón.
Hoy, 16 de agosto, he acudido a Puy en un momento de confusión. Estaba, como tantas otras veces, un poco torcido con Inma, ella estaba muy preocupada porque el perro al que ayudó el otro día a atender después de un atropello había ido a parar a la perrera en lugar de volver con su dueño; cuando golpearon la persiana de la Clínica Veterinaria, que no querían atender al indigente dueño del perro porque no podía pagar, llamaron a la Policía Municipal; después atendieron al perro, pero la intervención de los municipales debió terminar en un aviso a la Perrera que envió un equipo para recoger el perro.
Hoy, Inma se había encontrado con el indigente y estaba muy dolido porque le habían dejado sin perro. El caso es que Inma ha llegado a la piscina, donde habíamos quedado, muy triste. Se pone en lo pero, que ya ha visto tantas veces: es verdad que en la Perrera de La Fortuna no sacrifican a ningún perro, pero piensa que no le van a dar el tratamiento adecuado, que no le van a dar antibiótico, y que el perro morirá; y, sobre todo, cree que el perro debería estar con su dueño.
Al final ha hablado con Montse, un ángel de los animales, que le ha asegurado que hablará con la Perrera para que devuelvan el perro a su dueño.
El caso es que yo quería hacerle sentir a Inma que me preocupaba por su preocupación y eso es lo que le he pedido a Puy: que supiera acompañar a Inma en su dolor. Inmediatamente he comenzado a preguntar con facilidad y de forma ágil a Inma por todas las circunstancias relacionadas con el asunto y he notado desde el primer momento que esa era la forma en la que un hombre que ama a una mujer debe comportarse. No, como es mi actitud habitual derivada de que veo a Inma en una posición animalista radical y, en consecuencia, procuro ponerme en otro extremo para equilibrar; en realidad no consigo el equilibrio, sino pasar por una persona poco sensible al dolor de los animales y ese es, quizá, el mayor defecto que Inma ve en mi.
Pues bien, esta tarde no ha sido así; con la ayuda de Dios, movida por la intercesión de Puy, he podido con facilidad involucrarme en lo que a Inma le importaba y eso me ha hecho sentir bien y he notado como a Inma, también.
Gracias, tesoro inmortal, que habitas una morada junto a Jesús. Te quiero.
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